Otros escritos


Blanco y negro

¿Sabes qué, amigo?
¿Te gusta acariciar tus sábanas, pasarle la mano a un gato?
¿Has ido a la playa? ¿Te has bañado en el mar cuando sientes las olas que vienen hacia ti, la espuma, ese color blanco?
¿Has cogido un puñado de nieve en tus manos? La nieve es de color blanco.
Cuando comienza a relampaguear, a tronar y hay un viento fuerte, el sol se oculta tras las nubes que se cargan de agua. El cielo se torna oscuro. Se presiente que la lluvia está en la distancia.
Cuando tienes sueño en la noche y te acuestas a dormir, no tienes que apagar la luz como yo. No sientes el miedo que siento cuando estoy en la oscuridad de mi cuarto.
Todos tenemos ventajas y desventajas en esta vida que vivimos.

Myrtha Trujillo
Jueves 18 de marzo de 2004

 

Un extraño día en julio

Entretenidos en su juego, Amanda y Justin no notaron que algo se movía entre las matas, al otro lado del río. Cada uno trataba de lanzar su piedra lo más lejos posible.
En casa de titi Elaine, un bello día de vacaciones, ellos se sentían felices, contentos. Su alegría era contagiosa.
—No se acerquen mucho al río —gritaba titi Elaine con el oído pegado a su teléfono celular—. Tengan cuidado no vayan a resbalar y caerse.
—Justin, ¿dónde está Alli? —dijo Amanda—. Hace rato que no la veo.
Ensimismado en su juego, Justin no le contestó. Lanzaba las piedras con toda su fuerza para poder llegar bien lejos: ¡una, dos, tres! Cuando estaba doblándose para coger otra, sintió un golpe en la cabeza. Era la tercera piedra que había rebotado de regreso.
—¡Guao! —dijo Amanda acercándose a chequearle el golpe.
—¡Ay! Me duele mucho. No me toques —dijo Justin.
De momento, con el murmullo del río, se oyó una voz que les decía: “¡Hey, guys! Vengan al agua. ¡Está muy rica!”.

Myrtha Trujillo
Viernes 4 de abril de 2003

 

La espina de marfil

Hay sol bueno y mar de espuma y arena fina, y Pilar…”

Pilar corre por la orilla de la playa con su sombrerito de pluma y en su mano, sus zapaticos de rosa; moja sus pies en el agua y contenta, tararea una canción. De pronto, frente a ella, una niñita solitaria, friolenta, casi sin ropas en la arena tendida, con una espina en su pecho clavada, llora y grita de dolor. Pilar, vacilante, se detiene sorprendida:
—¿Qué te pasa, amiguita? ¿Por qué tienes esa espina ahí clavada?
—No lo sé. Estando dentro del mar sentí algo muy fuerte en mi pecho y ahora siento ese dolor. No sé cómo ocurrió.
—Amiguita, espera. Quizás yo pueda ayudar a quitarte ese dolor.
Suavemente, Pilar le arranca la espina, quedando en el pecho de la niña el aura brillante, luminosa, que las ciega de esplendor.
De regreso, Pilar y su amiguita, descalzas por la orilla, de manos cogidas, tarareando una canción, se recrean en su mundo, se contemplan sonrientes, y de pronto, cae el sol…


Myrtha Trujillo. Narradora de origen cubano. Escribe para jóvenes y adultos. Ha publicado dos libros y ha escrito numerosos cuentos. Vive en Miami.

Publicado en Sinalefa, Revista Internacional de arte y literatura. New York – Enero/Abril 2004 Nº 7.